Las traducciones de Claudia: problemas de traducción y otros despistes

¿Nunca os ha pasado que estáis hablando con alguien y de pronto a ninguno os sale el nombre de esa actriz tan de moda? A mí me ha pasado mil veces y por más que pienses es imposible dar con él. Tres días después mientras te das una ducha te viene a la cabeza: ¡Angelina Jolie!

Algo parecido pasa con algunas traducciones. Muchas veces me he encontrado ante un problema de traducción que he solucionado a medias. Con esto quiero decir que he encontrado lo que podemos llamar una solución temporal porque no acaba de convencerme la traducción. Cuando pasa esto lo más recomendable es marcarlo en algún color y volver después sobre ello, y así lo hago yo. Al cabo de las tres horas cuando estoy preparando la cena de pronto se me ilumina la bombilla. Era la solución más sencilla que os podáis imaginar. En esos momentos siempre pienso: ¿cómo no se me habrá ocurrido antes esta solución?

bombilla ideas traductora

La propia traducción a veces tiene la culpa. Estamos tan inmersos en ella que no somos capaces de tomar distancia y plantearnos las dudas desde otro punto de vista. Estamos «contaminados» por la propia traducción. Por eso resulta tan beneficioso trabajar con compañeros, tener a alguien ajeno al texto traducido que nos aporte otra perspectiva suele resultar de lo más beneficioso. Incluso es posible encontrarse con fallos gramaticales u ortográficos y eso, tratándose de profesionales de la lengua, parece imposible. Esta situación en momentos de agobio y estrés se puede producir y por eso mismo, aunque seamos los responsables últimos de la traducción debemos saber pedir ayuda.

Si trabajas desde casa, como lo hago yo, no tendrás a nadie al lado físicamente. Sin embargo hay muchas formas de ponerse en contacto con compañeros de profesión: foros, blogs, listas de profesionales, páginas de traductores y un largo etcétera. Mi situación fue diferente ya que a la compañera que trabaja conmigo la conocí a través de un familiar. Resulta que ella vive en el otro lado del país pero un familiar mío le habló de mí, así que me escribió. Sofía, que es como se llama mi compañera de batalla, buscaba una oportunidad que las grandes empresas de traducción no le daban y también quería trabajar esporádicamente en el mundo de la traducción porque tenía otro empleo. Es decir, me venía como anillo al dedo, ya que yo tampoco podía asegurarle una cantidad mensual de trabajo. Así, de la forma más inusual, comenzó nuestra relación laboral. Primero le envié un fragmento de un texto que ya había traducido yo para ver qué tal resolvía los problemas de traducción que había. Nadie nace sabiendo y, aunque le faltaba experiencia, decidí empezar a contar con ella. Sofía tiene un carácter estupendo y siempre está dispuesta a aprender, así que si le hago una sugerencia no se lo toma a mal, sino que lo anota y lo utiliza en otros textos.

Ahora es Sofía quien a veces me echa una mano y me da otra perspectiva para poder solucionar los problemas de traducción que encuentro. Aunque no la conozco en persona sé que puedo contar con ella cuando me hace falta, cumple perfectamente con los plazos que acordamos con los clientes y es muy responsable con el trabajo. He tenido la suerte de encontrar a mi compañera ideal y mantener el contacto con ella por correo electrónico, por teléfono y por wasap.

Sigo pensando que el trato con personas de carne y hueso es mucho mejor pero a falta de pan, buenas son tortas.

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