Las traducciones de Claudia: las ventajas de saber idiomas

Cuando se habla de los idiomas y, en especial, del inglés, siempre se dice que es fundamental para viajar. Es cierto que en casi todos los países puedes hacerte entender con ayuda del inglés. Sin embargo, la utilidad de conocer un idioma va mucho más allá.

Saber un idioma, el inglés por ejemplo, sirve para completar el currículum y añadir más aptitudes, sea cual sea la profesión a la que te dediques. Ayuda a que se valore positivamente la contratación en una empresa y a escalar puestos en la misma, ya que puedes tratar con clientes de diferentes nacionalidades, asistir a reuniones en otra lengua y hacer viajes de negocios internacionales. Para otro tipo de trabajos es fundamental, sobre todo aquellos íntimamente relacionados con el turismo. Los camareros, los recepcionistas de hotel, los azafatos, los animadores de fiestas, los guías turísticos, incluso otras profesiones que, aunque a priori pueda parecer que no requieren saber inglés, resulta casi imprescindible en zonas de costa donde viven muchos clientes extranjeros. Tal sería el caso de un matrimonio inglés afincado en la Costa del Sol que necesita hacer una reforma en su casa. Podrá comunicarse más fácilmente y contratar los servicios de una empresa de reformas que conozca su lengua y pueda comprender qué necesita exactamente.

Además de las ventajas en el plano laboral, también es muy útil en el terreno personal como por ejemplo, para el ocio. Quizá los que sabemos inglés no apreciamos la tranquilidad con la que viajamos al extranjero. No nos supone ningún esfuerzo pedir una cerveza en un bar o un trozo de pizza para llevar en cualquier establecimiento. Quienes no saben inglés sudan tratando de imaginar de qué forma pueden pedir una ensalada que creen que les gustará, ya que en la carta del restaurante sus ingredientes aparecen, evidentemente, en inglés.

Aunque no sepamos más idiomas nos resulta relativamente fácil comunicarnos con personas que hablan un idioma con el mismo origen que nuestra lengua materna. Los hispanohablantes podemos entendernos muy bien con hablantes de otras lenguas romances por las similitudes que existen. Tenemos mucho en común con hablantes dentro del territorio nacional, como son los catalanes, los portugueses, los gallegos y los valencianos. Si salimos de nuestras fronteras a un país extranjero podemos ver las semejanzas que existen entre nuestra lengua y la francesa o la italiana. Muchas de las palabras que utilizamos tienen una pronunciación o una escritura similar.

El principal problema suele ser la comunicación oral. Muchas personas han estudiado inglés en el colegio y recuerdan la gramática o, al menos, parte de ella. Aunque haya huecos de información, el mensaje se puede comprender de forma aproximada. Sin embargo, el verdadero escollo se encuentra en el momento en que tenemos que comunicarnos oralmente con otra persona. La vergüenza a equivocarnos y a que el otro interlocutor no nos entienda y tengamos que repetir el mensaje de nuevo hace que nos pongamos nerviosos y nos comuniquemos peor. El consejo más útil que me han dado y que me ha ayudado mucho en este sentido es que utilicemos frases cortas y sencillas. Al final ocurre lo mismo con el aprendizaje de idiomas como con todo en la vida: es mejor hacer las cosas poco a poco y no preocuparse por algo general e inabarcable en ese momento.

Los traductores y traductores jurados no tenemos ningún inconveniente en comunicarnos con clientes extranjeros. Escribir un correo electrónico en inglés o mantener una conversación telefónica con un cliente inglés para explicarle cuál es el procedimiento que seguimos para realizar una traducción jurada se convierten en tareas habituales. Incluso a veces el propio cliente sabe inglés y nos sugiere que traduzcamos un término de una forma concreta. No hace mucho un cliente me pedía que le tradujera un título de diplomatura por bachelor en inglés. Ante estas situaciones tenemos que pensar en que no podemos poner lo que el cliente sugiera solo porque será él quien pague la traducción jurada. Es necesario hacer una labor de investigación y valorar si es posible o no utilizar ese término en inglés o quizá optar por una alternativa, como puede ser utilizar una nota al pie o nota del traductor en la que se especifique que esa titulación tiene una duración de tres años en España.

No debemos acatar a ciegas las sugerencias del cliente por el simple hecho de venir de su parte. Tenemos que pensar que somos nosotros quienes firmamos y sellamos las traducciones juradas y la responsabilidad recae únicamente sobre nuestros hombros. Sea cual sea la decisión que tomemos debe ser razonada.

 

 

 

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